Un restaurante con mucha clase

Caraculo estaba grillado, vale. Pero que se volara los sesos nos cogió por sorpresa a todos. No fue una decisión acordada, pero nadie ocupó su silla. Y allí seguía vacía, tarde tras tarde, cuando jugadores y curiosos nos apretujábamos en torno a la mesa de mus.

***

Seguir leyendo

Publicado en Máximo Disaster | 39 comentarios

El niño de los ojos negros

Solo una polaroid desvaída de dos chavales apoyados en un futbolín destartalado —bajito y regordete el uno, alto y flacucho el otro—, permaneció inamovible a los sucesivos cambios de decoración de su habitación de toda la vida. Cuando la despegó para llevársela al piso comprado a medias con su novia quedó en la pared un rectángulo tan nítido que se necesitaron tres manos de pintura para cubrirlo.

***

Seguir leyendo

Publicado en Cosas de la vida | 30 comentarios

La canción

Doñita Natividad era una mujer ilustrada, poco agraciada y demasiado alta para una época de hombres pequeños. Basta con mirar las fotografías coloreadas de entonces para darse cuenta de que le avergonzaba su altura: es la única con zapatos planos del grupo de muchachas que coquetean con la cámara tomadas del brazo, todo sonrisas, cinturas de avispa y faldas vaporosas.

Seguir leyendo

Publicado en Cosas de la vida | 24 comentarios

Mundo moderno

¡Pero que voy a ser hiperactiva, doctor! Esas son tonterías de mi marido. Simplemente no me gusta estar de brazos cruzados: hay tanto que hacer y las horas del día son tan pocas…

Qué cosas tiene usted: pues claro que disfruto paseando, leyendo o tomándome unas tortitas con nata, como todo hijo de vecino. Pero hacerlo porque sí, sin más, no me resulta gratificante. Prefiero buscar una finalidad práctica. Aprovecho para pasear mientras hago la compra, leo cuando lo exige mi trabajo de correctora freelance y me tomo unas tortitas si anticipo una inminente bajada de azúcar mientras corro los diez kilómetros diarios con los que me mantengo en forma. ¿Que cómo me sentiría si no tuviese obligaciones? No lo sé. Siempre tengo alguna.

Seguir leyendo

Publicado en Cosas de la vida | 40 comentarios

El asesor (II de II)

—Gracias, padrino, por tus cariñosas palabras. A partir de aquí continuaré yo con el relato, por alusiones y porque estoy más familiarizado con los pormenores.

A aquella primera reunión con la bella Chavela Semeantoja siguieron muchas otras en entornos más bucólicos, porque la rejoneadora de candentes ojos era muy dada a las rutas nocturnas, en particular, gastronómicas y salpicadas de estrellas Michelín. Y siempre con Amoroso de carabina, al que no había forma de dar avena forrajera por angula.

Seguir leyendo

Publicado en Cosas de la vida | 14 comentarios

El asesor (parte I de II)

La lectura siempre ha sido mi pasión. Y mi perdición. ¡Ah, la caligrafía con su sutil armonía! ¡Qué decir de esos graciosos grafemas cuyos trazos se unen delicadamente creando sílabas que conforman palabras y se encadenan en oraciones, frases y párrafos en vertiginoso crescendo! Pensad en esa cursiva, elegante cual acta notarial, o en la oronda negrita, ávida de atenciones, o en el discreto subrayado, sobrio como mayordomo de la Casa Real. ¿Y qué hay de esa coqueta virgulilla semejante a un pícaro guiño?

Seguir leyendo

Publicado en Máximo Disaster | 22 comentarios

La pesca

El consistorio se esforzó lo suyo por modernizar la plaza del pueblo: hasta un rocódromo de esos pusieron. Pero no hubo forma de llevar para allá a la chiquillería. Todos seguían yendo al descampado de la antigua fábrica de celulosa, que nos volvía locos con ese olor al que no te acostumbrabas ni en toda una vida: se te metía en el cerebro y te envenenaba el carácter. Cuando la derruyeron, se alegró el pueblo entero, pero quedó el descampado. Y los chavales acudían a él como moscas: que si va fulanito, que si va menganito, decían. Ya ve usted: si no había más que ratas, cascotes y mercurio.

Seguir leyendo

Publicado en Cosas de la vida | 22 comentarios